Eva o Lilit

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escoge pues entre la tarde y la noche.
Eva es la tarde y el cuidado del fuego.
reposo en ella, multiplica mi especie
y la defiende contra la gran tormenta del mundo.

Lilit,en cambio, es el nocturno placer.
el iman, el abismo, la hoguera en que ardo
Y por lo tanto la culpo de mi deseo.
Le doy la piedra, la ignomínia, el cadalso.

Eva o Lilit no lamentes mi triunfo
al vencerte me he derrotado.

Jose Emilio Pacheco

* Dibujo de Fernando Llanos, de la carpeta de grabados “La revancha del sentimiento”.
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Recuerdo prehispánico

(4 Pax)

INGREDIENTES

  • 500gr  Carnitas (costilla)
  • 400 gr de espagueti
  • 2 habaneros
  • 1 ajo
  • 2 limones  
  • 4  jitomates   
  • 2  cervezas
  • ½ cebolla
  • 250 gr queso Oaxaca
  • 1 aguacate
  • 2 hojas de hoja santa

PROCEDIMIENTO:
Cocer la pasta y reservar.
Asar los jitomates sin grasa en el comal hasta que estén cocidos y la piel se desprenda. Hacer lo mismo con la cebolla y el ajo. El habanero es la clave de nuestra receta: llevarlo a fuego directo hasta que se  ponga negro. Picar la hierba santa  y reservar.

Llevar los ingredientes  a la licuadora para hacer la salsa .Incorporar una cerveza y agregar una cucharadita de sal. Poner esta salsa al fuego hasta que espese. Después,  agregar la pasta y revolver con las carnitas. Exprimir los dos limones.
Divida la pasta en 4 platos , agregue el queso Oaxaca sobre el espagueti y lleve al microondas por 2 min hasta derretir el queso. Presente con cuadritos de aguacate sobre el queso  y espolvorear hierba santa.
Acompañar con pan blanco y la cerveza sobrante.

 Imagen
Receta: Cristian Chávez Nolasco 

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Recetas sin complicación

FETUCCINI CON SALVIA Y LANGOSTINOS
(4 Personas)

Ingredientes:

  • 400 gr de Fetuccini

  • 8 Langostinos
  • 1 Limón
  • 150 ml de soya
  • 15 hojas de salvia fresca
  • 100 gr de mantequilla
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cebolla
  • 100 gr de queso parmesano
  • Pimienta negra
  • Hierbas de olor

Procedimiento:

En una olla con agua agregar sal, 5 pimientas negras enteras, hierbas de olor, un poco de cebolla y un diente de ajo. Dejar hervir. Cuando esté hirviendo agregar la pasta y dejarla cocinar de 8 a 12 minutos. Reservar y agregar un poco de aceite.
El langostino se limpia dejando la cabeza y la cola; se cocina con la mantequilla, ajo, cebolla y soya al gusto para sazonar. Se le incorpora el fetuccini, las hojas de salvia, unas gotas de limón y una lluvia de pimienta negra. Rectifique el sabor y sirva.
Finalize agregando queso parmesano y una hoja de salvia fresca
Se puede acompañar con pan negro y vino blanco.

(Receta : Cristian Jesús Chávez Nolasco)

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Nuevo videoclip de Juan Carlos Lozano grabado en Lilit

“Amanece” es el primer sencillo del disco “Nada haces por mí” de nuestro amigo Juan Carlos Lozano, conocido por sus proyectos anteriores: Moenia y Morbo.

Fue grabado hace un par de días en Lilit, y lanzado hoy a la luz vía su cuenta de twitter: @jclozano

¡Le deseámos mucho éxito!

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Tragos y sumas

Por Rodrigo Márquez Tizano

A los bebedores de Lilit, porque no rompan las copas.

Existen, fundamentalmente, dos tipos de borracho. Los que hablan y los que deciden quedarse callados. Estos últimos en ocasiones ni siquiera eligen y son las condiciones las que los hacen desfallecer, perder el sentido o quedarse dormidos. Hay algunos que bajo la sombra de la ebriedad se pierden en un mundo infinitesimal e inaccesible para el resto de la humanidad. Entran en comunión con su trago y nadie sabe ni tiene por qué saber lo que se discute en semejante intimidad. De entre los borrachos que hablan, se desprenden a su vez dos subramas: los que caen bien y los que uno desearía enrolar en el saco de los silenciosos. Estos últimos son inaguantables por muy diversos motivos. Los hay  inoportunos, peleoneros, advenedizos, románticos, chillones, gorrones, gesticuladores, ligones, acuáticos (grave especie: los que al manotear salpican a quien tengan enfrente) y exagerados, entre muchas otras variedades.  Estas condiciones son intercambiables y pueden surgir en los momentos menos pensados. En realidad, la mezquindad y la infamia se manifiestan a pesar del alcohol y nunca por él, por lo que la función de nuestro depurador social por excelencia se limita a desnudar fariseos y a exponerlos en la plaza pública de las desgracias. Se bebe como se es. Lamentablemente la justicia del alcohol es tan vaga e inexacta como la de los hombres: he visto a más de un hijo de mala madre zafarse milagrosamente de resacas que a uno, siempre probo, le duran años.
Al final, el castigo suena más riguroso de lo que resulta en realidad: no es cruz sino de malas personas el poner en duda la entereza de un hombre que ha dejado de serlo con tal de sumarse a cierta conciencia colectiva (más bien nebulosa) y disfrutar así de las múltiples personalidades que el néctar ofrece. Eduardo Chamorro comienza así su Galería de borrachos: “Ningún bebedor es un don nadie, aunque haya un montón de donnadies tragando alcohol”. Si partimos a la francachela con esta premisa es posible que lleguemos noche a noche a buen puerto, de lo contrario, nos amargaremos la vida intentando encontrar a los contertulios ideales. Este hallazgo, así como el del alma gemela, la media naranja y la fuente de la eterna juventud, no puede ser y además es imposible. A estas alturas de la vida, una búsqueda de tal envergadura incluso es ridícula. El buen bebedor bebe con quien tenga a mano y debe preocuparse antes por la calidad del vino ingerido, que por la calidad humana que lo acompaña. Esto responde a una verdad universal: el vino es estable, el hombre no. ¿Cuántos borrachos conviven en el interior de un borracho? Hasta el más distinguido hidalgo puede acuartelar bajo la dermis a un indecoroso bellaco, esperando el trago que lo haga surgir de entre la carne. Por más que se intente, nunca se tiene la seguridad de con quién se bebe. Está fuera de nuestro control: el carácter se vuelve impreciso, los convicciones se tambalean, los juicios se pronuncian en órbitas indescriptibles. Esto, por supuesto, es responsabilidad del hombre y nunca del líquido. Éste se limita a funcionar como mobiliario de la imaginación. Aún así, el borracho es digno porque se sabe equívoco. Quiero decir con esto que la indulgencia entre bebedores es franca y llega con prontitud: si somos un país de memoria reducida, esta característica se agudiza entre quienes disfrutamos de los efluvios alcohólicos.
Pero volvamos a los borrachos que hablan y además caen mal en clave exagerada. Es durante las crudas que sus efectos perniciosos se extienden con mayor alcance y saña. Quizá sea porque aún más peligroso que el hombre que habla cuando está borracho es aquel que durante la sobriedad narra sus borracheras. La épica de un bebedor en descanso es siempre sospechosa. Tira de anécdotas que a nadie hacen gracia, utiliza números a todas luces ficticios, y se empeña en hacernos partícipes de una ebriedad simulada y narrada en pretérito, sin lograr su cometido. Las parrandas son sólo enriquecedoras si uno está allí de primera mano, o en su defecto se las lee a Fitzgerald, pero de ningún otro modo. El exagerado además comete el agravio de contabilizar sus tragos, (en formato copa/horas los de ligas menores, a manera de botellas y días, los más experimentados) como para intentar justificar su festivo comportamiento. Aquel que cometa la mezquindad de contar lo bebido, sea cual fuere el móvil, peca de ignominioso y bocazas. Este tipo de conteos debe siempre hacerlos un tercero y con fines puramente deportivos, nunca por jactancia o vanidad. Se dice, por ejemplo, que el poeta Li Po pasó más de cuatro meses encerrado en una taberna, escondido del Emperador, quien había recibido visitas oficiales y solicitaba sus servicios para divertir a sus invitados. Li Po rechazó la propuesta y tuvo que ser la guardia imperial la que lo sacara, no con delicadas maneras, de la tasca a la que había encomendado su cuerpo. Va una personal: mi socio en el Felina, Roberto Francia, solía tomarse tranquilamente once vodkas (o al menos eso cuenta la leyenda) cada vez que pinchaba en el Centro Cultural de España. Cabe destacar que en ninguna de dichas ocasiones lo vi perder el control. Existen, sin embargo, marcas más siniestras. Se dice de Dylan Thomas que no murió en el hospital de St. Vincent debido a una mala administración de morfina (el médico confundió una infección pulmonar con los efectos del delirium tremens) sino que fue poco antes, en la bacanal donde acuñó su famosa frase: “I’ve had eighteen straight whiskies. I think that’s the record”. He leído versiones donde se la cifra ha alcanzado hasta cuarenta y tres o se ha cambiado el whisky por martinis, pero creo que el punto ha quedado entendido.

* Dibujo de Fernando Llanos.
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Beber en tres tiempos

Por Jordi Soler

1-John Lee Hooker

El músico John Lee Hooker cuenta en una canción de su álbum Chill out su método para olvidar a una mujer que lo hacía sufrir, un método que es un coctel de choque que no incluye concesiones como la lima o el jugo de uva, y que en cambio sí tiende a alcanzar el increíble milimetraje que manejaba Hemingway: este personaje de canción entra en el bar Apex, en Detroit, una cueva donde, desde hace décadas, se refugian los músicos de blues. El Apex está a media luz, medio vacío, y el hombre que acaba de entrar le pide al barman su remedio infalible para olvidar un amor: un bourbon, un escocés y una cerveza. Cuando este personaje, que puede ser el mismo John Lee Hooker, pide por tercera vez este coctel deconstruido, el barman le hace ver que su estado empieza a ser inconveniente. “No te preocupes”, le dice el músico a medio hablar, dentro de esa media luz que alumbra el bar medio vacío, “tu sólo tráeme un bourbon, un escocés y una cerveza”. La historia termina como todas las historias de amor que quieren resolverse en un bar: John Lee Hooker y su personaje, ahogados en la barra, pensando con insistencia en esa mujer que ni con ese remedio infalible han podido olvidar.

2-Philip Marlowe

‘Raymond Chandler, ese extraordinario escritor de novelas policiacas, era famoso por su metodología cuando se trataba de ejecutar el oficio que más detestaba: el de guionista en Hollywood. La lista de requerimientos que imponía al estudio cinematográfico que lo contratara era concisa e innegociable: una habitación con instrumentos para la escritura, una caja de whisky (que pretendía liquidar en cuanto pusiera el punto final), una enfermera (para que le suministrara suero cada vez que el escritor flaqueara o se quedara traspuesto) y una ambulancia (por si flaqueaba el suero de la enfermera y la trasposición del escritor pasaba a mayores).
Su célebre personaje, el detective Philip Marlowe, es, desde luego, un gran bebedor, un talento que también Hemingway, arropado por esa verdad del palo tal que produce tal astilla, ponía en sus personajes. Aunque Marlowe, como su autor, casi siempre toma whisky, en la novela El largo adiós cambia de orientación, se deja llevar por su cliente Terry Lennox hasta una mesa minúscula en el bar Víctor, un oscuro local en una ciudad de California. Lennox ordena una ronda de gimlets y lanza su teoría sobre la bebida en general: “El alcohol es como el amor, el primer beso es mágico, el segundo es íntimo, el tercero es rutina”. Antes, el adinerado personaje que ha solicitado los servicios de este detective de novela ha dicho esta línea de sabiduría opinable: “Soy rico, ¿a quién demonios le importa ser feliz?”. Cuando el camarero pone los gimlets en la mesa, Lennox le explica a Marlowe la naturaleza de ese coctel: “El verdadero gimlet está hecho mitad de ginebra, mitad de jugo de lima, y nada más. Mucho mejor que el martini”.

3-Hemingway

Cuando Ernest Hemingway vivía en Cuba, pasaba mucho tiempo a bordo de su bote, y otro tanto acodado en la barra de El Floridita, ese célebre bar que está en La Habana y que ha inmortalizado el punto exacto donde el escritor logró sus grandes éxitos con el daiquiri, que no eran otros que beberse una cantidad inconcebible de papa’s special, un cóctel diseñado especialmente para él, que en la isla gozaba del cariñoso sobrenombre de Papá. El sitio exacto es un banco, al final de la barra, que está hoy aislado por una cadena y coronado por un busto en bronce del escritor. Don Gregorio Fuentes, otra fuente de inspiración paralela al daiquiri, contaba la rutina que seguía con Hemingway todas las mañanas, una rutina productiva cuyo resultado más notable fue la novela El viejo y el mar. El escritor y Gregorio Fuentes, que, además de ser su amigo y su fuente, era el capitán del bote, salían cada madrugada a bordo de El Pilar, tal era su nombre, a navegar mar adentro hasta el atardecer. Hemingway, según explicaba Gregorio, tiraba su caña al mar y se acomodaba en su silla a leer y a beber ron con coca-cola, o sin ella, según el clima, el humor del mar o la intensidad de la resaca que acompañara a este legendario escritor que interrumpía su lectura exclusivamente para sacar del agua un pez o para apuntar ideas en tarjetas que iba echando en una caja de madera. El rumbo de El Pilar seguía las coordenadas, infalibles y sumamente personales, que Hemingway interpretaba con las cifras que le iban dando sus botellas: “Una de Fundador al norte y una de Bacardí al este”, y justamente ahí aparecía un pez espada. Un día se encontraron con un viejo que había pescado un marlin tan grande y tan fuerte que iba remolcando, a buena velocidad, su lancha de remos. Hemingway quitó los ojos del libro que iba leyendo para ponerlos en ese acontecimiento digno de escribirse. Gregorio contaba que el escritor le pidió que se acercara a la lancha para ofrecerle ayuda. El viejo que iba siendo remolcado por el marlin se enfureció y les gritó que se largaran, que ese marlin era de él. En una entrevista que le hizo Milt Machlin en 1958, Hemingway confiesa los números de su récord personal en la categoría de daiquiri papa’s special, ese que bebía como un campeón acodado en la barra de El Floridita, cuyos ingredientes son: chorrito de jugo de lima, chorrito de jugo de uva, un poco de hielo y 110 mililitros de ron. El entrevistador quedó fuera de combate con cuatro, nada que ver con los números de Hemingway, que ingirió, en una esforzada jornada, de las 10.00 a las 19.00, 15 papa’s special, y al terminar, como si nada, se fue a su casa a escribir algunas de sus páginas de premio Nobel. “¿Y cuál es el truco?”, preguntó el entrevistador el día en que regresó al combate: “Beber de pie”, respondió el escritor.

www.jordisolerescritor.com
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‘Sweet disposition’ (Revista Warp no. 34)

Ese es el encabezado de la sección de moda de la Revista Warp no. 34 que hicimos en Lilit, lugar que desde el primer día que estuve ahí me encantó no solo para echar el drink sino para darle rienda suelta a mis ideas en cuanto a la estética de esta sesión.

¿Quién no se siente como en casa en este bar? Eso fue de primera mano lo que hizo hablar con Héctor Falcón, socio del lugar y amigo anteriormente entrevistado para mi contenido editorial dirigido a arte. Lilit es un lugar super relajado que nos dejo hacer lo que fuera necesario casi casi como si fuéramos clientes en una noche de fin de semana.

La decoración tan equilibrada, con contenido e identidad, pero sobre todo con buen gusto agregó a este shooting los ‘props’ necesarios para verse increíble.

Gracias amigos de Lilit, espero que les haya gustado tanto como a nosotros!!

Chëla Olea
Editora de Moda y Arte
Warp Magazine

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